Adiós a un sistema de control presupuestario nefasto

Adiós a un sistema de control presupuestario nefasto

Santiago Graiño K.

Se opine lo que se opine –da igual bien o mal– del Gobierno actual y de lo hecho por el ministro Pedro Duque, el que haya conseguido la eliminación de la intervención previa de Hacienda en los organismos públicos de investigación (OPI) solo puede merecer parabienes y felicitaciones. Los daños causados a la ciencia española por este nefasto, inútil –y, como veremos, muy probablemente torticero– sistema han sido enormes. Hay una práctica unanimidad en la comunidad científica en rechazar frontalmente el mismo por burocrático, absurdo y no adaptarse en nada a la realidad de la investigación científica.En la práctica real la intervención previa dejó la ejecución de todos los proyectos de investigación científica y tecnológica de los OPI, incluidos enormes programas de la UE e internacionales, bajo el ordeno y mando de personas sin duda muy capacitadas para el control presupuestario, pero con un escaso –o incluso nulo– conocimiento de las necesidades científicas y sus tiempos. Así, toda la planificación de los proyectos se convirtió en papel mojado, en una elucubración inútil que naufragaba siempre en el cuello de botella de unos interventores tapados por un trabajo multiplicado varias veces y, por supuesto, casi sin ningún apoyo para afrontarlo.

La odiada intervención previa solo ha conseguido alargar los tiempos de gestión de los proyectos por meses, e incluso años; hacer que España perdiera liderazgos y mucho dinero en proyectos y programas de financiación internacional; volver locos a los científicos jefes de proyecto con una maraña de papeles y de esperas eternas para cada acción mínima; desalentar la creatividad de la comunidad científica: rebajar la ejecución de los presupuestos anuales de los OPI de manera significativa y un largo etcétera de consecuencias nefasta para la ciencia y para el país.

Se opine lo que se opine –da igual bien o mal– del Gobierno de Mariano Rajoy y de lo hecho por el ministro Cristóbal Montoro, el que implantara en 2014 la intervención previa a los OPI solo puede merecer un rechazo absoluto. El rechazo y la sospecha, compartida por muchos en la comunidad investigadora, de que el sistema obedecía realmente a un intento de rebajar mucho el gasto sin tener que recortar tanto los presupuestos. Evidentemente, no se puede demostrar lo anterior, pero es obvio que si dificultas a las OPI la ejecución de todo gasto de manera feroz, su ejecución presupuestaria caerá notablemente. Y así ocurrió, hasta cifras de solo el 60% en algunos casos.

Ahora bien, el nefasto sistema tiene ventajas políticas. Ante la opinión pública no se han recortado demasiado los presupuestos de los OPI. Y encima, mire usted: aun rebajados no son capaces de ejecutarlos… En resumen, un brutal recorte presupuestario a la ciencia española sin tener que asumir el precio político de tal medida.

Los recortes presupuestarios suelen ser malos, pero a veces no hay más remedio que hacerlos. Probablemente esa era la situación del ministro Montoro en 2104. Pero entonces lo lógico es recortar por prioridades, no mediante un insensato sistema que realiza el recorte con una diabólica ruleta rusa, que fácilmente puede restringir lo importante y permitir lo superfluo.

En resumen, enhorabuena por la desaparición del funesto sistema. Gracias al ministro Pedro Duque por haberlo conseguido, al parecer in extremis, incluso casi como un canto del cisne a tenor de la actual situación política. Duque ha cumplido su promesa a la comunidad científica en este sentido y solo cabe felicitarlo por ello.

 

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