Greenpeace presenta su informe ‘A Toda Costa 2019’

Greenpeace presenta su informe ‘A Toda Costa 2019’

El 22% de los hábitats naturales de la costa española están desprotegidos, de los que más de la mitad (57%) han sido catalogados de interés comunitario por la Unión Europea y más de una cuarta parte como prioritarios para su conservación (29%). Catalunya, Comunitat Valenciana, Andalucía y Euskadi son las comunidades con mayor presión urbanística en la costa, según un informe de Greenpeace.

El ladrillo ha arrasado con todo en la costa española, pero aún quedan hábitats naturales sin alterar. Greenpeace ha realizado una selección de diez de las playas naturales más amenazadas por la urbanización masiva en la costa: las playas de Gaspar (Barcelona), Cala Mosca (Alicante), Playa Margalida-Playa Son Real (Islas Baleares), Playa de la Cola (Águilas, Murcia), Playa de El Palmar-Castilnovo (Cádiz), Playa Matas Blancas (Fuerteventura, Las Palmas), Praia de Liméns (Pontevedra), Playa de Tranqueru (Asturias), Playa Rosamunda (Cantabria) y Playa de Azkorri (Euskadi).

Según el informe A Toda Costa 2019, elaborado por la organización ecologista en colaboración con el Observatorio de la Sostenibilidad, el 22,2% de los hábitats naturales de la costa española se ubican fuera de las figuras de protección de la naturaleza. El estudio pone este año el foco en las áreas naturales que todavía quedan en la costa española tras la urbanización masiva de las últimas décadas y en las amenazas que enfrentan. En total, en España hay 519.000 hectáreas (5.190 kilómetros cuadrados, una superficie ligeramente superior a la de La Rioja) de ecosistemas de gran valor pero carentes de protección, de los que un 56,9% han sido catalogados de interés comunitario por la Unión Europea y un 28,8% como prioritarios para su conservación.

“Tras la crisis económica, el ladrillo ha vuelto a la costa. En la actualidad, hay numerosos proyectos urbanísticos en desarrollo, muchos de ellos planificados durante la burbuja inmobiliaria, pero paralizados por la falta de presupuesto, especialmente en la costa cálida. Los ecosistemas costeros no reconocidos oficialmente por las figuras de protección de la naturaleza sufren una fuerte presión humana y son vulnerables al desarrollo de futuras actividades, principalmente turístico-residenciales, pero también industriales o de agricultura intensiva”, señala Paloma Nuche, responsable de la campaña de Costas de Greenpeace.

Según el informe, las comunidades cuyos ecosistemas desprotegidos experimentan mayor presión humana son Catalunya, Comunitat Valenciana, Andalucía y Euskadi, ya que la superficie urbanizada supera con creces la extensión de dichos hábitats que, al no tener reconocido su valor, son más vulnerables a futuros planeamientos urbanísticos y a los impactos indirectos de la urbanización masiva: contaminación, acumulación de basura, vertidos o falta de cuidado por parte de las administraciones, entre otros.

De estas regiones, Comunitat Valenciana y Andalucía destacan por la combinación de una gran presión humana con una elevada tasa de hábitats naturales costeros desprotegidos (23% y 19%, respectivamente) a lo que se le añade unas características óptimas para el turismo, lo que constituye el cóctel perfecto para la destrucción de más ecosistemas.

Es curioso el hecho de que la mayor proporción de ecosistemas costeros desprotegidos se da en la costa norte (Asturias, Cantabria, Galicia y Euskadi). En muchos casos, se trata de hábitats seminaturales ligados a actividades agrarias tradicionales, pero que también albergan una gran extensión de hábitats calificados por la UE de interés comunitario y prioritarios para su conservación. Por todo ello, señala el informe, estas regiones tienen todavía mucho trabajo por delante.

El informe de Greenpeace concluye que es necesario un mayor esfuerzo de las políticas de protección de la biodiversidad y reitera la urgencia de las actuaciones sobre el litoral. Hay extensas áreas de hábitats naturales que necesitan ser protegidas antes de que puedan verse afectadas por la urbanización. Además, para revertir la tendencia de pérdida de biodiversidad, los esfuerzos deberían complementarse con la restauración de áreas degradadas, especialmente la recuperación al dominio público de las zonas privatizadas ilegalmente.

“Al actual contexto de pérdida de biodiversidad mundial, en el que la primera causa de extinción de especies es la artificialización del suelo, se suma el resurgir actual del desarrollo urbanístico en la costa, por lo que hemos de poner en valor la biodiversidad que aún no ha sucumbido al ladrillo antes de que sea demasiado tarde”, puntualiza Nuche.

Foto: Praia de Limens, Cangas, Pontevedra. ©Greenpeace/Markel Redondo

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