La corriente del Atlántico Norte se está debilitando

La corriente del Atlántico Norte se está debilitando

La corriente del Océano Atlántico que ayuda a mantener caliente Europa Occidental es hoy más débil de lo que lo ha sido durante los últimos mil años, según una investigación llevada a cabo en el marco del proyecto ATLAS, financiado por la UE. El estudio, publicado en Nature, indica un marcado debilitamiento de la circulación atlántica en los últimos 150 años y afirma que es probable que esta tendencia continúe. 

Este sistema de circulación, también conocido como la circulación meridional de retorno del Atlántico (AMOC por sus siglas en inglés), juega un papel esencial en la regulación del clima de la Tierra a través de su redistribución de patrones de agua que regulan el calor, como la Corriente del Golfo. El AMOC también es importante para transportar nutrientes, oxígeno y las larvas de organismos marinos entre las diferentes regiones del océano, además controla la capacidad del océano para absorber y almacenar carbono.

El estudio, realizado por la University College London (UCL, Reino Unido) y el Departamento de Pesca y Océanos de Canadá, proporciona unos registros oceánicos exhaustivos que permiten ubicar los cambios recientes en el AMOC en el contexto de un cambio climático a largo plazo. Al examinar el tamaño de los granos de los sedimentos depositados por las corrientes marinas profundas, donde los granos más grandes implican corrientes más fuertes y viceversa, los científicos han reconstruido los patrones de circulación pasados. La abundancia de organismos marinos que prefieren aguas cálidas y frías se midió en diferentes capas de sedimentos para calcular los cambios de temperatura en las zonas cercanas a la superficie.

Según el investigador principal, David Thornalley (UCL, Reino Unido), los nuevos hallazgos apuntan a la existencia de una brecha en los modelos climáticos mundiales actuales. «La corriente del Atlántico Norte es mucho más variable de lo que se pensaba anteriormente, y es importante descubrir por qué los modelos anteriores subestiman la disminución del AMOC que hemos observado».

La aparente sensibilidad del AMOC revelada por este estudio tiene implicaciones importantes para nuestra comprensión de los posibles cambios que se produzcan tanto en las profundidades del mar como nuestro clima. Un impacto importante podría darse en los ecosistemas marinos.

«Creemos que el AMOC ha ayudado a criaturas, como los corales de aguas profundas, a colonizar rápidamente nuevas áreas en el pasado, por lo que un AMOC más débil puede significar que las poblaciones estén menos conectadas y se vuelvan menos resistentes», apunta el investigador de ATLAS. Peter Spooner (UCL, Reino Unido).

Murray Roberts, coordinador del proyecto ATLAS en la Universidad de Edimburgo (Escocia, Reino Unido) explica: «Uno de nuestros mayores desafíos en ATLAS es tratar de determinar cómo afectaran los cambios previstos en estas corrientes a los ecosistemas atlánticos profundos, y proporcionar asesoramiento a los responsables políticos para que podamos gestionar las actividades humanas en estos ecosistemas «.

Las profundidades del mar sostienen una gran cantidad de biodiversidad, tanto en fauna como en flora; los cambios en el AMOC tienen el potencial de alterar sustancialmente las posiciones y las profundidades de las corrientes oceánicas, de las cuales los corales y las esponjas dependen para alimentarse. El AMOC también descarga gran parte del Atlántico profundo con agua oxigenada, por lo que un flujo más débil puede reducir la disponibilidad de oxígeno para los ecosistemas profundos. Un debilitamiento del AMOC también puede provocar aumentos de temperatura o disminuciones de varios grados centígrados, afectando a algunas poblaciones de peces de alto valor, así como a la abundancia de plancton, peces, aves marinas y ballenas.

En cuanto a nuestro clima, AMOC es crucial para el clima mundial y una desaceleración abrupta podría desencadenar diversas interrupciones a nivel mundial, como el aumento repentino del nivel del mar, cambios en la posición de las principales precipitaciones y zonas climáticas áridas y aumento de las tormentas en Europa occidental.

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