Publicada la primera cartografía submarina detallada de los tramos superiores del canal INBIS

Publicada la primera cartografía submarina detallada de los tramos superiores del canal INBIS

Un trabajo recientemente publicado en la revista científica Arktos – The Journal of Arctic Geosciences, aporta la primera cartografía submarina detallada de los tramos superiores del canal interfan Bear island and Storfjorden (INBIS), así como una descripción de los posibles procesos geológicos que lo modelaron.

Dicho canal está en el margen continental del mar de Barents, al oeste de la isla del Oso, en el archipiélago noruego de las islas Svalbard. Se trata de un valle sumergido que se extiende por decenas de kilómetros al noroeste del mar de Barents, en el océano Ártico. La cabecera se sitúa en la plataforma continental —a unos 500 metros de profundidad— y su parte más alejada se extiende hasta los 2.500 metros bajo el mar. l canal INBIS es uno de los pocos valles submarinos de latitudes polares que ha mantenido su particular arquitectura geológica durante el último máximo glacial (LGM).

El primer autor del estudio es Leonardo Rui, miembro del Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Experimental (OGS) de Trieste, y en el trabajo han participado el Grupo de Investigación Consolidado (GRC) en Geociencias Marinas de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Barcelona (UB) —dirigido por el catedrático Miquel Canals—, el Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Experimental (OGS) de Trieste (Italia) y la Universidad de Tromsø (Noruega), entre otros.

Durante miles de años el relieve submarino del INBIS fue esculpido por diferentes procesos geológicos en los márgenes polares. Las cárcavas (gullies) son las principales estructuras topográficas que han permitido reconstruir la historia geológica del canal. “En particular, la estructura y algunas características de estas formaciones —por ejemplo, la relación entre las dimensiones y la profundidad de incisión— ayudan a conocer los posibles mecanismos de formación y a distinguir entre áreas donde predominan las cárcavas o bien los canales submarinos”, indica Rui.

Por la UB participó José Luis Casamor, miembro del Departamento de Dinámica de la Tierra y del Océano de la UB, quien destaca que se trata de “un ejemplo excepcional de canal submarino profundo en latitudes polares, que se ha formado en una zona del margen continental situada entre dos importantes abanicos sedimentarios glaciares”

Casamor explica que, en general, los aportes de sedimento de los mantos de hielo impiden la formación de cárcavas y otros relieves canaliformes en estas regiones submarinas. Pero en el caso del INBIS, la proximidad a la isla del Oso frenó el avance del manto de hielo evitando el recubrimiento del valle submarino con materiales sedimentarios. “Como resultado, este valle submarino es uno de los pocos canales polares que ha preservado su particular relieve submarino durante el LGM, que es la época de máxima extensión de las capas de hielo en la historia geológica más reciente del planeta, hace más de 20.000 años”, resalta Casamor.

En la parte superior del canal INBIS, el nuevo mapa batimétrico describe un sistema de cárcavas y canales menores —entre los abanicos sedimentarios de Kveithola y de la isla del Oso— que cortan el talud continental y acaban desembocando en el canal principal. Según revela el estudio, la acción de las corrientes de densidad y las corrientes de turbidez generadas por el agua de fusión del hielo son factores que han modelado y mantenido estas estructuras erosivas.

En este contexto geológico, “y especialmente en el período de máxima expansión del manto de hielo en la zona durante el LGM, los aportes de material de las corrientes de hielo alimentaron la formación de los abanicos sedimentarios”, destaca José Luis Casamor.

El cambio en el gradiente de la pendiente es otro factor clave de la topografía submarina que debe tenerse en cuenta para perfilar el origen del relieve submarino del INBIS. “Este factor, sumado a los cambios en las dimensiones de las cárcavas, permite establecer diferencias entre una zona parcialmente influida por el flujo de depósitos glaciogénicos (sur) y otra que se encuentra completamente protegida por la proximidad de la isla del Oso (norte)” explica Leonardo Rui.

En el marco del estudio, los expertos han cartografiado unas estructuras erosivas en el área más meridional, “que sugieren indicios de la presencia de un sistema de flujo de sedimentos deslizados (mass transport deposits, MTD) que cruzan la pendiente superior con una orientación sureste-noroeste”, apunta Rui.

El análisis morfológico de la zona más distal del área “podría sugerir alguno de estos episodios de inestabilidad de los fondos oceánicos, aunque es preciso continuar las investigaciones con mayor detalle”, comenta Casamor.

Imagen: José Luis Casamor, GRC Geociencias Marinas de la UB

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